Uf… llevo meses sin escribir nada aquí. Demasiados proyectos en paralelo, supongo. Entre ellos, una tienda, un par de grupos nuevos en Facebook, un par de nuevos blogs en la Web, un foro para coleccionistas (tras probar con una red social dedicada incluso), algunas tareas externas para clientes que han confiado en mí para sus asuntos empresariales… En fin, que sí, que casi un año después, ya tocaba reactivar el blog personal.

Tantas aficiones dan para dos o tres docenas de blogs separados, incluso algún foro (como http://coleccionistas.online por ejemplo) como ya he dicho. El problema es mantenerlos todos al día. Es imposible. Por tiempo, lo más evidente, y porque hay temáticas que nacen, se reproducen a la velocidad de los virus, y … no, no mueren, pero permanecen en letargo. Hasta que un buen día alguno de ellos tiene la suerte de cautivar de nuevo mi atención y mi tiempo.

Como éste.

Este blog es personal, por lo que aquí no me centro en un tema único. Hay de todo. De forma general, sin entrar en muchos detalles. Para eso están los grupos, páginas, foros y blogs aparte. Quizás el tema más recurrente y el que más presencia pueda tener, al menos de momento, es el coleccionismo. Quizás deba convertirse en otra cosa. En un reflexionario. Bonito palabro. Todo lo demás, a su cajón particular.

En cualquier caso es como un paraguas bajo el cual existe todo cuanto hago, o casi. Todo lo que me interesa, que es bastante. Todo lo que me produce la necesidad de comunicar y comentar. No se si equivoqué la carrera y debiera haberme dedicado al periodismo. ¿Escribir por encargo? ¿Escribir sobre lo que surja? No… eso es otra tarea, otra profesión, que respeto mucho. Me gusta escribir de lo que surja por el camino, sin apenas buscarlo. Si pasa por delante de mis ojos y capta mi atención, ahí hay un firme candidato para que le dedique un escrito, o dos, o cien… y lo convierta en un tema más para generar cualquier forma de propagación y colaboración online. A veces se quedan en eso, en temas generados, jamás comentados, jamás compartidos ni expandidos. Es lo que hay. Los intereses personales pueden arraigar muy profundamente en nuestro ser, y no tener la capacidad de atraer la atención de los demás.

Es el gran laberinto mental en el que todos nos encontramos y perdemos alguna vez, o cada segundo de nuestra vida. La complejidad de cada uno es una opción personal.

La lectura, como un ejemplo más, es uno de esos laberintos. La mayoría de personas suelen leer un libro desde inicio a fin, o puede que un par para poder cambiar de temática según el estado de ánimo del día, etc. No conozco a nadie que tenga un par o tres de docenas de libros empezados, avanzados o no, los deje durante unos meses y los recupere de nuevo. Eso me pasa a mí. Es bastante excepcional que empiece un libro y lo termine sin abrir otro mientras. Otro, u otros. Me han llamado loco. Loco por los libros, sí. Por los temas nuevos. Por no aburrirme, sí. Esa es la razón primera, evitar el aburrimiento, la rutina. Si es un libro de ficción, el relato tiene que ser realmente posesivo para que me enganche al completo. Si no, puedo leer cuatro o cinco capítulos y abrir un libro científico, biográfico, histórico, periodístico… Así las neuronas se mantienen en danza, de un tema a otro y vuelta a empezar. “¿Y puedes retomar un libro al cabo de varios meses?”. Si… Leer unas páginas anteriormente ya leídas suele ser suficiente para recuperar la historia o el tema y seguir hacia adelante. Si no lo es, ese libro es claro candidato a quedarse en la estantería para los tiempos venideros.

Puede que mi profesión tenga algo que ver. Como analista-programador me veo obligado a cambiar con frecuencia entre proyectos distintos, y eso implica un cambio temático, o de sistema, de lenguaje, de tecnología. Y es mi trabajo, así que ¡tengo que hacerlo! Con los años esa capacidad de adaptación se habrá traspasado a mis lecturas. Supongo. Es una teoría como otra cualquiera.

¿Sigues aquí? ¡Vaya! ¡Te he picado la curiosidad! Bien… Puedo seguir hablando de otras aficiones, otros callejones del laberinto. Lo dejaré para otro rato.