La-Coleccion

El Catálogo para los herederos

Este será mi tercer artículo sobre la catalogación de colecciones. ¿Hay algo más que decir? Bien, después de algunas lecturas y reflexiones propias, me centraré en una característica muy concreta: el legado.

Sí, porque ¿sabes amigo lector coleccionista? Nada dura para toda la vida, y menos nosotros. Los objetos igual pueden permanecer décadas, centurias o milenios si se los preserva de forma adecuada, pero nosotros está claro que tenemos fecha de caducidad. Shit happens, como dicen los anglosajones.

No es raro encontrar comentarios de coleccionistas que “temen” decir (a sus parejas, hijos, amigos, vecinos) el valor real de su colección. Es decir, no quieren confesar el dinero que se han gastado (¿no era invertido?) en sus cosas. Pero… si vamos a la parte práctica del asunto, seamos sinceros. Nadie quiere que una vez pasemos al otro lado venga un espabilado y se lleve nuestros tesoros por una miseria. Y eso pasará al menos que:

  1. Quién esté a nuestro lado, o sea, al final nuestros herederos, sepan realmente el valor de lo que hemos acumulado durante años.
  2. Dejemos por escrito, o en formato digital, una relación fehaciente de bienes (que al final es lo que son los objetos) con su valor real de mercado, o lo más aproximado posible. Lo dejamos en un cajón, en una caja fuerte, o depositado ante notario. Lo que nos guste más.
  3. Tener designado un albacea para nuestra colección. Algunos coleccionistas lo hacen de forma cruzada entre ellos.

No se me ocurre otra forma de evitar el expolio de los desaprensivos cazatesoros (en la peor acepción de la palabra, que por otra parte puede ser muy positiva) cuando las lagrimas y la tristeza sustituyen al raciocinio más elemental.

Sinceridad. Si nuestros descendientes pueden estar interesados en seguir coleccionando, perfecto. Si no, cuando menos que aprovechen lo que tienen, y lo hagan bien informados. Hay colecciones que sólo tienen sentido y valor como conjunto. Desemembrarla y diseminarla sólo hace que bajar su precio. ¿Queremos eso? Yo al menos NO.

Por tanto, si ya comentaba con anterioridad la importancia de un catálogo bien hecho, para nuestra propia referencia y seguimiento, para evitar compras duplicadas, o para saber si hay que comprar o no, etc. más importante es aún adjuntar una serie de datos al mismo en el sentido que se comenta.

Y ¿cómo?

Probablemente quien catalogue libros, películas y otros productos similares, con la ayuda informática e Internet, ya tendrá mas o menos resuelto el tema del precio de los mismos. Al importar los datos desde bases de datos online, como Amazon y otros, el precio se incorpora automáticamente. Aún así, ese precio puede que no sea el correcto. Puede que no fuera el precio de compra. La variación se produce por falta de ventas o liquidación, bajando, o justo al contrario, cuando la demanda es alta y escasea el producto, el precio se dispara.

Así pues, ese precio no nos vale. Personalmente conservo la gran mayoría de albaranes y facturas de cada compra realizada, lo cual permite disponer del precio real de compra (y los gastos de envío, aduanas si procede, etc.). Esto nos da un coste real. En otro apartado puedo poner el mismo coste como “previo de venta” o bien ajustar lo que yo considero como “precio de mercado”. Y éste tiene que ser ajustado en el tiempo en aquellos casos que está ya prevista su variación.

Por ejemplo, LEGO. Aunque hay mucho detractor en este sentido, los sets de LEGO son una inversión de futuro, por juguetes que sean, y ciertos sets ya se sabe de antemano que no estarán en catálogo más de un par o tres de temporadas. Luego se agotarán, y el precio se duplicará, triplicará y más. Sets de Star Wars, de franquicias muy limitadas, de temas específicos, serán objeto de especulación. Aunque duela, es así.

Ediciones limitadas, de lo que sea, de libros, de música, de películas, etc. El precio variará al alza con mucha probabilidad.

Figuras de edición muy limitada, lo mismo. Props de cine, que son piezas únicas, o antigüedades, joyas de diseño. La lista es larga. Todos estos objetos tienen una revalorización constante. Y no digamos los “trastos viejos” que pasan a ser “antigüedades” cuando cumplen 100 años.

Por tanto, aconsejaría que la menos tengamos dos datos en cada registro: precio de coste (total y real) y valor de mercado. Y con las fechas de ambos.

Tratar las colecciones de forma seria

Si, amigo coleccionista. La vida sigue, pero los objetos están ahí. Y sea tu colección un puro divertimento, que debería serlo, o una inversión a futuro, nunca se sabe lo que pasará en tiempos venideros y de dónde tendremos que estirar para ir tirando. El ojo avizor del cazador de oportunidades estará ahí a la espera… Dejemos que negocie con quién tenga que hacerlo, sin que tenga la ventaja. Con la informacion de nuestro catálogo la negociación será mucho más justa por parte nuestra. Y también de forma personal. No se si alguien tiene memoria eidética (fotográfica) para recordar lo que pagó por sus objetos hace 30 años o más. Ni tampoco si los cálculos de revalorización en estos casos se hacen de forma automática. Más vale dejarlo en manos de un registro puesto al día y que nos de la pauta a seguir en cualquiera de los casos.

Nadie quiere pensar en hacer testamento, pero es necesario hacerlo. Tengamos claro que nuestras colecciones son parte de ese legado que hay que tener bien claro para quien lo reciba. ¿No te parece? Por desgracia, y porque como digo así es la vida, ya he visto varios casos. Y en algunos, da auténtica pena ver lo que ocurre. Ya no digo que alguien se aproveche, también está el caso de “esto son sólo trastos / papeles / trapos / etc.” ¡y se ha ido todo a la basura! ¡QUÉ PENA! Así como con un bien inmueble a nadie se le ocurre proceder de esta manera, lo mismo hay que hacer con las colecciones. Sean de lo que sean.

Termino con un simple ejemplo, para que las alertas se disparen. Barajas de cartas españolas. Con 50, 80 o 100 años de antigüedad. “Barajas viejas”. Sí, lo son. Y en un estado aceptable o bueno las he visto vender por entre 800 y 2000€. ¡Vaya! ¡Són sólo barajas viejas! Ahora ve y tíralas a la basura.