Estreno una nueva ‘sección’ o apartado o lo que se quiera. Los títulos empezarán con la doble G de Google, y se tratará de cosas que uno busca por aquí y por allá (en Google, claro) cuyos resultados pueden ser sorprendentes o imprevisibles.

Como coleccionista de libretas y cuadernos, me gustan entre otras las de la marca Moleskine. Por calidad, por diseño, da lo mismo. Estas libretas tienen multitud de usos y aplicaciones. Hoy me centro en una muy particular: el ‘scrapbooking’. ‘Scrapbook’ puede traducirse como ‘libro de recortes’ para abreviar. Es decir, los collages de toda la vida, los álbumes de fotos con trocitos de papel pegados explicando esto o aquello, las hojas de plantas y flores secas entre páginas de un libro… Quien más quien menos hemos hecho algo de scrapbooking alguna vez.

MOLESKINE SCRAPBOOK

Bien, pues con este tema en mente, entro en Google, Images, y busco ‘moleskine scrapbook’. Y no esperaba otra que una imagen tal como ésta:

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… nada mal. Lo mejor es fijarse en los detalles. Visitar cada una de las imágenes y las páginas en las que se encuentra. Y así se descubre todo un mundo de posibilidades y aplicaciones. Quizás algunas ni se nos hubieran ocurrido nunca.

Una de las características de esta actividad, es que las libretas y cuadernos, y más los Moleskine, no están preparados para albergar más de lo que se supone es su cometido, es decir, tinta o lápiz (y derivados). No están ideados para pegar fotografías, tickets, mapas, flores, botones, o cualquier cosa que se nos ocurra. El efecto evidente es un ‘cuaderno obeso’. Gracias al cierre con goma elástica (quién diría que no estaba previsto), el cuaderno puede cerrarse:

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Moleskine notebook

 

.. pero no nos pasemos!!!

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Moleskine notebook

 

O si, ¿qué más da? El que ves más arriba no es el que más abulta de los que he podido ver.

¿SCRAP O SKETCH?

Dado que cada cual hace lo que quiere con sus libretas, faltaría más, hay una delgada línea que separa los libros de recortes de los cuadernos de bocetos. En muchas ocasiones veo bocetos y dibujos, pinturas incluso, en un ‘cuaderno de viajes’. Y apenas queda espacio para diferenciar sus páginas de un clásico cuadernos de bocetos de viaje, o de reportero. La base es la misma, libreta, cuaderno, lápiz, bolígrafo, pluma, cualquier medio posible de escritura y de dibujo. Así que, quizás no esté tan clara la diferencia, mientras no se pega o recorta algo sobre una página. ¿Será esa la gran diferencia? Cortar y pegar, en el mundo analógico.

La fusión de ambas actividades, sin embargo, se me antoja como más divertida y con resultados más vistosos e interesantes. Un par de páginas explicando una anécdota, con un par de pegotes de cualquier cosa: una etiqueta de cerveza, un posavasos, el tiquet del autobús… y aderazado con un par de bocetos rápidos o simples muñecotes para ilustrar una idea, ¿no es esa la libertad creativa puesta en práctica? ¿Quién marca o dicta las normas para hacer un libro de recortes, un libro de recuerdos, un libro personal, el diario de… ¡NADIE!

Encuentro que al final del todo, es un buen método para despegarse un tanto o un mucho del mundo digital, usar más las manos y menos las teclas. Además, creamos originales, no hay copias ni se pueden compartir con Dropbox ni nada por el estilo. Como mucho una fotocopia o una fotografía. Pero el original es único, surgido de esos momentos de inspiración, o de relax, en los que sólo hay tres cosas: la libreta Moleskine, el instrumento de escritura y nosotros.

UN SCRAPBOOK CON HISTORIA

No recuerdo si fue incluso antes. Corría en año 1982 cuando aprovechando una agenda que ya estaba desfasada, pero nueva por estrenar, con una funda de piel muy mona, inicié un diario o algo parecido. La motivación era que en aquel entonces tenía gran interés por las ciencias ocultas y por la literatura de horror gótico (es decir, Lovecraft y afines). Así que la agenda se convirtió en dos (casi llenas ambas), repleta de letra apretada y de bastantes recortes y fotocopias pegados con cinta adhesiva. Acabo de descubrir que en 30 años el pegamento de la cinta puede atravesar el papel… El caso es que en ese agenda incluso hay un relato completo de Lovecraft transcrito caligráficamente. No había forma de encontrar un ejemplar de dicho libro, así que fuí a la biblioteca, me senté dos o tres horas allí y lo copié a mano. Cosas de juventud. Yo diría que fue mi primer ‘scrapbook’ de verdad, y el último hasta hoy al menos. Lo llevaba a todas partes, exposiciones, museos, visitas a cualquier sitio que tuviera algo que ver con aquel interés desmesurado por lo oculto. Hasta que se terminó. Se apagó esa luz a la espera de nuevas chispas (que quien me haya seguido un poco, o haya leído algo en este blog ya puede ser consciente de ello). Nadie me dijo, pon esto aquí, quita esto, haz lo otro. Era un diario, una crónica, y de vez en cuando pegaba un ticket, una fotocopia, una nota, cualquier cosa, que no podía incluirse en las páginas de otra manera.

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Agenda Lovecraft

 

Pienso en hacer algo parecido con un tema que lleva conmigo ya tantos años como Blade Runner, a ver si consigo de una vez poner en orden todo el material que tengo o que se que existe en alguna parte. Y si ello se convierte al fin en un libro, ya estaré contento. ¿Es un propósito para 2015? ¡No! Lo dejaré en que es un propósito, nada más.