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Los límites del coleccionista

El coleccionista se encuentra con diversas limitaciones a lo largo de su carrera como tal. Y tras darle alguna vuelta, creo haber determinado los tres límites que toda colección y coleccionista llegan a alcanzar en un momento u otro (dejo lo más obvio a un lado, como el hecho de morir, que sí, ocurre, pero no es un límite, es una consecuencia de vivir). Bien, estos tres límites son el espacio, el tiempo y el dinero. Veamos por qué.

Espacio

Si el objeto de la colección son piezas de gran tamaño, o bien son muchas piezas, llegará el punto en que no hay más sitio donde colocarlas. Eso sucede con obras de arte, esculturas, coches deportivos… y también con libros, películas, figuras, etc. Cuando no hay una sola pared vacía, una sola vitrina con un rincón disponible, estamos ante el problema del espacio.

Tiempo

El tiempo, aparte de la obviedad anterior, es un enemigo de las colecciones, en cualquiera de sus variantes. La primera, el deterioro de las piezas por cualquier causa (climatología, humedad, luz solar, moho, etc.), la segunda, el tiempo que hay que invertir para conseguir una pieza, ubicarla correctamente, protegerla, y sobretodo, el tiempo libre que se necesita para todas esas tareas.

Dinero

Es tan evidente como que si la colección no se compone de objetos que no tienen coste alguno, la economía nos limitará siempre en este sentido.

Estos tres factores se complementan, a veces para bien, otras para empeorar las cosas. El espacio, por ejemplo. Con el tiempo suficiente se puede hacer limpieza, reordenar, cambiar piezas de lugar, o adquirir y ampliar el espacio a base de nuevas instalaciones. Eso requiere tiempo, y dinero. El tiempo, el libre, el disponible para la afición, siempre estará sujeto a las posibilidades de cada uno, y la que más marcará límites será la economía. Un trabajador no puede dedicar todo su tiempo diario a estos menesteres, por tanto, el tiempo hay que dosificarlo para que sea lo más productivo posible, y gratificante a la vez. Del dinero, poco hay que decir, o se trabaja, o se vive de renta, no hay otra.

Todo lo anterior es una gran obviedad, ¿cierto? Sin espacio, tiempo ni dinero no hay posibilidades de coleccionar. ¿O no es así? Cuando eramos pequeños, críos y adolescentes, coleccionábamos cromos. Comprados o cambiados, o de los que regalaban en algunos productos. Costaba hacer una colección así, pero no había dinero de por medio, ex-profeso, para dicha colección. Eran consecuencia de, no la meta principal. Y de este tipo de colecciones las hay a miles. La típica de sobrecitos de azúcar, o de etiquetas de fruta, etc. no tienen coste alguno, a priori. Algunos dirán que esas colecciones “no valen para nada”, “no tienen valor” y a saber qué más. Veamos. Si se colecciona por amor al arte, esos argumentos no son válidos. Si el que colecciona lo hace como una inversión a futuro, entonces estamos ante otra cosa. Disfrutar mientras se tiene sabiendo que tarde o temprano esas piezas va a ser vendidas como un producto más.

¿Y tú?

¿En qué punto estás tú? ¿Tienes una colección “de verdad” o una “inversión de verdad”? Sí, juego con las palabras, lo se. La pregunta concreta es: ¿disfrutas con tu colección o la sufres? ¿Puedes pasar largo tiempo sin hacer ni caso de la misma o por el contrario estas cada día, cada minuto pegado a ella?

El coleccionista es un tipo indefinible, puesto que cada cual se toma las cosas a su manera, y en este tema quizás aún más. Intervienen tantos factores que no admite clasificación alguna. Desde la impulsión más enfermiza hasta la sobriedad del coleccionista de arte con todo el espectro de posibilidades intermedias. Y lo mismo ocurre con las colecciones. Ninguna es mejor que otra sin saber qué criterio aplicamos a esa comparativa. Quizás tiene más mérito haber reunido 10.000 muestras de plantas medicinales en 30 años que tener una docena de Ferraris en un garage. No se si me explico. A golpe de talonario se pueden tener colecciones fabulosas de forma instantánea, pero… ¿es eso coleccionar?

Otra pregunta interesante sería ésta: ¿Qué coleccionarías si te tocara la lotería, digamos, 100 millones de Euros?

Piénsalo.

Hasta ahora tu afición eran los comics de Batman. Bien. Sabes que algunos números antiguos valen un dinerito que por ahora no puedes gastar. De pronto, te caen 100 millones del cielo. ¿Seguro que seguirás coleccionando comics viejos de Batman? ¡Ahora los puedes tener todos! ¿Sí? Puedes incluso subirte a un avión (¿particular?) e ir a buscarlos allá donde se encuentren. ¿Lo harías? O… dejarías atrás esas aficiones “infantiles” para cambiar de temática, por ejemplo, coleccionar incunables. Es un gran cambio de la noche a la mañana. Y el factor es, el DINERO. Quizás el más importante, ¿no es así? Con dinero puedes tener más espacio, más tiempo libre, en fin, parece la solución definitiva a tus limitaciones y aficiones.

Sigo pensando que en fin primitivo de coleccionar no está ligado a eso. La consecución de una pieza, el camino que hay que recorrer para encontrarla, conseguirla, poder adquirirla, tener espacio para la misma, etc. es la savia misma de la afición. Si todo se reduce a hacer un clic en un botón, como en cualquier tienda online, y en unas horas tener la Venus de Milo instalada en el salón de casa, ¿qué gracia tiene eso? Como anécdota, ¿alguien recuerda en documental sobre la vida de Michael Jackson, después de las acusaciones vertidas sobre él? Hay un momento en que “va de compras” a una tienda, en un centro comercial (¿?¿?) y se deja la friolera de 400 millones de las antiguas pesetas en un paseo por la tienda en unos pocos minutos. Comprar así es una alegría para la cartera, pero… ¿qué sentido tiene? Lo mismo con las colecciones.

Quizás tenga una visión demasiado romántica del coleccionismo, no lo se, sin embargo en muchos otros aspectos de la vida ya se sabe, l0 que no cuesta [esfuerzo] poco valor tiene. Me gusta aplicar esa premisa al coleccionismo. Como ejemplo final, comparemos una colección de cromos, hecha día a día, semana tras semana, intercambiando repetidos, buscando aquel último cromo… con ir a una tienda, comprar el álbum completo, con los cromos ya pegados. Al llegar a casa ese álbum se va directo a un cajón o a un estante. No es lo mismo.

A partir de estas simples ideas me gustaría abrir un debate en El Desván (https://www.facebook.com/eldesvanfanzine/), o al menos esa es la intención. En cualquier caso, sirva este post como introducción al tema.